A miles de metros de altura, donde no existe refugio posible y cada decisión cuenta, un rayo no es solo un destello: es una prueba extrema para la ingeniería aeronáutica. Cada impacto pone a examen la estructura, los sistemas y la seguridad de quienes viajan dentro. Nuestro trabajo es entender ese riesgo, medirlo… y garantizar que nada quede al azar.
Aunque una aeronave en vuelo no genera una diferencia de potencial significativa, los rayos pueden adherirse a la estructura y recorrerla por completo. Y cuando eso ocurre, la aeronave debe ser capaz de soportarlo sin comprometer su integridad ni la operación. Allí, en pleno cielo, un fallo no es una opción.
1. El impacto: donde todo comienza
El punto de entrada del rayo experimenta un aumento fulminante de temperatura seguido de un enfriamiento inmediato. Este ciclo térmico puede debilitar el material,
afectar remaches, paneles y zonas críticas. Un impacto mal gestionado es una grieta futura.
2. La corriente viajando por el fuselaje
Cuando la corriente atraviesa el cuerpo del avión, crea campos magnéticos intensísimos. Son invisibles, pero capaces de magnetizar componentes metálicos y alterar
tolerancias que la aeronáutica exige con precisión milimétrica.
Aquí no hablamos de un simple “susto eléctrico”: hablamos de fuerzas capaces de modificar propiedades físicas.
3. La electrónica bajo presión
Los campos electromagnéticos inducidos pueden influir en equipos vitales: navegación, comunicaciones, gestión de vuelo. A veces no provocan un fallo inmediato, sino
algo peor:
fallos intermitentes, difíciles de replicar, capaces de aparecer solo en el momento más
inoportuno.
Entender, medir y prevenir estas alteraciones es clave para garantizar la continuidad operacional.
4. El desafío de las fibras de carbono
Las aeronaves modernas confían en mate
riales compuestos por su ligereza y resistencia… hasta que un rayo los atraviesa. La fibra de carbono puede cristalizarse, perder resistencia mecánica y dejar zonas vulnerables sin que el daño sea visible a simple vista. Por ello analizamos estas estructuras con la misma minuciosidad que merece todo lo que está entre el cielo y el suelo.
Convertir cada impacto, cada marca y cada señal en información útil.
Auditar, estudiar, prevenir.
Porque cada avión que cruza el cielo lleva vidas dentro… y merece la máxima protección.
Un rayo durante el vuelo obligó a regresar a Barcelona a un avión con destino Santander
El aparato no sufrió daños y los pasajeros viajaron en otro horas después, lo que retrasó las conexiones entre las dos ciudades
26.03.14 - 09:44 - Álvaro NMachín | Santander
«Tenía que ir a buscar a una pareja que venía de Barcelona, pero he ido al aeropuerto y no han venido. Como llevarán apagado el móvil, no sé qué habrá pasado con ellos y a qué hora llegarán», comentaba un taxista a eso de las cuatro de la tarde. Lo que no sabía es que el vuelo que tenía previsto aterrizar en Parayas pasadas las tres tuvo que darse la vuelta y regresar a Cataluña al ser alcanzado por un rayo durante la travesía. El protocolo indica que, en ese caso, el aparato debe ser revisado por los técnicos de mantenimiento al aterrizar. Y eso hicieron, pero en Barcelona. Porque, según explicó la compañía, de ese modo podrían cumplir con el servicio tanto con los pasajeros que volaban desde la Ciudad Condal como con los que salían hacia allí partiendo de Santander posteriormente. Eso sí, con un considerable retraso respecto a lo previsto en ambos casos. Fue la incidencia que dejó el temporal en los vuelos que van y vienen del aeropuerto cántabro.
En el avión de la compañía Vueling viajaban 169 personas. Salieron de Barcelona y tenían previsto tomar tierra en Cantabria en torno a las tres y cuarto de la tarde. El rayo trastocó sus planes. Impactó con el aparato durante el vuelo como consecuencia de la tormenta eléctrica y les obligó a regresar a El Prat para someter al vehículo a una revisión. El avión no sufrió daños, según informaron desde la compañía, pero se optó por trasladar al pasaje hasta Santander en otro aparato.
Así, los usuarios partieron finalmente desde Barcelona a las seis menos cuarto de la tarde. El segundo intento del día. Retraso para ellos y para los que tenían previsto viajar desde Santander, que esperaban en Parayas. Porque el avión que llega es el mismo que les traslada a ellos minutos después en esta ruta. Ese vuelo estaba programado en torno a las cuatro de la tarde y acabó saliendo, finalmente, pasadas las siete.
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