Análisis técnico para mejoras del diseño de puesta a tierra

1. ¿Qué es una autoválvula o pararrayos de alta tensión?

Una autoválvula es un dispositivo de protección contra sobretensiones de potencia, utilizado en redes de media y alta tensión, cuyo objetivo es limitar las sobretensiones transitorias, principalmente de origen atmosférico.

Está constituida por:

• Semiconductores cerámicos (habitualmente óxidos metálicos tipo ZnO o silicio),

• dispuestos en serie,

• alojados en un cuerpo aislante de cerámica o resina epoxi,

• con un comportamiento no lineal de la resistencia en función de la tensión aplicada.

En condiciones normales de servicio, la autoválvula presenta una alta impedancia.

Cuando aparece una sobretensión impulsiva, su impedancia colapsa durante microsegundos, derivando la energía hacia tierra y protegiendo los equipos aguas abajo.

Hasta aquí, la teoría es correcta.

 2. Configuración habitual de instalación

(y el origen del problema)

En la práctica, la mayoría de las instalaciones actuales presentan una configuración común:

• Las autoválvulas se montan sobre la misma estructura metálica de la torre.

• Se referencian eléctricamente a dicha estructura, que a su vez:

o está conectada a la misma toma de tierra general,

• Cuando actúan, las tres fases se derivan simultáneamente a tierra a través de la estructura metálica.

Desde un punto de vista normativo, esta solución es aceptada.

Desde un punto de vista eléctrico clásico, parece coherente.

👉 Desde un punto de vista físico-impulsional del rayo, aquí empieza el problema.

 3. El detalle crítico ignorado: la geometría del conexionado

La conexión típica presenta el siguiente esquema:

• El conductor de la línea llega a la autoválvula en tramo recto.

• Tras el punto de conexión, el conductor:

o realiza una curva pronunciada (≈160–180°),

o desciende hacia la toma de tierra.

Ahora introduzcamos un factor que no suele considerarse en proyecto:

La sobretensión asociada al rayo:

• No se comporta como una corriente de régimen permanente.

• Se propaga como un fenómeno impulsivo electromagnético, con:

o frentes extremadamente rápidos,

o altísimas derivadas de corriente (di/dt),

o y fuerte componente de campo eléctrico y magnético.

 4. Simulación conceptual (no teórica, sino física)

Imaginemos que somos la descarga:

• Viajamos asociados al campo del conductor, a velocidades cercanas a la propagación electromagnética.

• Al llegar al punto del aislador cerámico:

o el conductor no continúa recto,

o sino que describe una curva cerrada hacia abajo.

• Justo enfrente:

o existe una estructura metálica de gran masa,

o conectada a tierra,

o con una diferencia de potencial mínima respecto al plano de tierra.

👉 En ese escenario, la descarga no “elige” la curva.

👉 Sigue la trayectoria rectilínea más corta, saltando directamente a la estructura.

Esto no es una hipótesis gratuita, son hechos reales.

5. Evidencias de campo (experiencia real)

En múltiples instalaciones se han observado:

• Conductores de cobre seccionados limpiamente en zonas de curvatura.

• Cortes sin fusión, sin signos térmicos progresivos.

• Apariencia de corte neto, como producido por un arco frontal.

• Daños coherentes con:

o arco eléctrico por diferencia de potencial,

o efecto geométrico de la curva,

o y comportamiento impulsivo del rayo.

Estos efectos no se explican mediante:

• cálculos de corriente RMS,

• ni modelos de baja frecuencia,

• ni criterios clásicos de continuidad eléctrica.

6. ¿Cómo actúa realmente la autoválvula en este contexto?

La autoválvula sí conmuta correctamente:

• los semiconductores entran en conducción,

• se produce la derivación a tierra durante microsegundos.

❗ Pero el problema no está en la autoválvula

❗ Está en el concepto de referencia a tierra y en la geometría del camino

Cuando todas las autoválvulas:

• comparten estructura metálica,

• comparten plano de tierra,

• y presentan trayectorias curvas,

el sistema deja de comportarse como un limitador controlado

y pasa a comportarse como un disparador de arcos no deseados.

 CONCLUSIONES 

La autoválvula funciona exactamente como fue diseñada.

Lo que no siempre funciona es el entorno eléctrico y geométrico en el que se le obliga a trabajar.

1. El rayo no es un fenómeno parametrizable de forma fija

El primer error conceptual recurrente es tratar el rayo como un evento eléctrico repetible, cuando en realidad:

• no existe una curva típica real,

• no hay dos rayos iguales,

• y sus efectos dependen simultáneamente de:

o la carga,

o el entorno resistivo,

o la geometría del sistema,

o y los caminos de retorno disponibles.

Las curvas 10/350 µs, 8/20 µs o similares son útiles en laboratorio,

pero no describen fielmente el comportamiento del rayo en una instalación real.

Diseñar sistemas de protección basados en modelos eléctricos fijos conduce inevitablemente a interpretaciones incompletas del riesgo.

 2. La sobretensión se acopla simultáneamente a todos los conductores

Cuando un rayo impacta en una línea:

• la sobretensión aparece en todos los conductores al mismo tiempo:

o fases,

o neutro,

o cable de guarda o tierra,

• independientemente de que estén o no energizados.

La descarga:

• se propaga en microsegundos,

• aguas arriba y aguas abajo,

• siguiendo los caminos de menor impedancia electromagnética, no solo óhmica.

Por tanto, no es correcto analizar cada conductor como un elemento aislado.

 3. El error crítico: referencia común de las autoválvulas a la estructura

En la práctica habitual:

• las autoválvulas de las tres fases:

o se montan sobre el mismo soporte,

o se referencian al mismo potencial,

o y comparten herrajes y bajantes de tierra.

Esto provoca que, cuando actúan:

• las tres fases queden momentáneamente cortocircuitadas entre sí,

• a través de la estructura y el sistema de tierra,

• creando una configuración en estrella no deseada.

Este efecto:

• no es un fallo del equipo,

• es una consecuencia directa del diseño de la instalación.

 4. El residual de tensión y el efecto térmico amplifican el problema

Las autoválvulas no derivan el 100 % de la sobretensión:

• mantienen un residual de tensión (≈20 %, según fabricante),

• ese residual genera:

o corriente de fuga,

o autocalentamiento del semiconductor,

o reducción progresiva de su resistencia instantánea.

En un evento de rayo:

• este proceso ocurre en microsegundos,

• pero es suficiente para:

o intensificar el cruce de fases,

o aumentar la fuga a tierra,

o y elevar las tensiones de paso y contacto.

El sistema entra en una realimentación destructiva donde:

cuanto mejor “resiste” un componente, mayor estrés induce al resto.

 5. El sistema no “falla”: compite por sobrevivir

Durante una sobretensión severa:

• gana el elemento que más aguanta, no el más seguro:

o si la autoválvula es muy robusta → actúan los limitadores aguas arriba,

o si está ajustada → suele explotar una fase y las otras quedan dañadas,

o si todo aguanta → la energía retorna por tierra y neutro hacia el transformador.

En este último caso:

• pueden producirse arcos internos,

• degradación del aislamiento,

• ignición del aceite,

• y destrucción total del transformador.

Todo ello sin que ningún equipo haya “fallado” según su ficha técnica

6. El problema no es la autoválvula,  es el concepto de puesta a tierra

La causa raíz no está en el dispositivo, sino en:

• compartir potenciales,

• compartir estructuras,

• compartir caminos de retorno,

• y forzar trayectorias curvas a un fenómeno impulsivo.

Mientras las autoválvulas:

• se conecten a una tierra común,

• y se integren estructuralmente sin independencia funcional,

el sistema seguirá comportándose como un distribuidor de energía del rayo, no como un disipador controlado.

 7. Cambio de paradigma: de “derivar el rayo” a “gestionar la sobretensión”

La solución no pasa por añadir más equipos, sino por:

• repensar el diseño del sistema,

• independizar funcionalmente las derivaciones,

• respetar la física del fenómeno impulsivo,

• y evitar referencias comunes que inducen arcos y cruces de fase.

SOLUCIÓN TÉCNICA PROPUESTA

Corrección de concepto en la instalación de autoválvulas de alta tensión

La solución no consiste en añadir nuevos equipos, ni en sobredimensionar protecciones, sino en modificar el concepto de instalación y conexión a tierra de las autoválvulas, alineándolo con el comportamiento real de las sobretensiones impulsivas.

1. Aislamiento eléctrico del herraje de soporte

Las autoválvulas no deben compartir referencia eléctrica directa con la estructura metálica de la torre.

• El herraje de soporte debe cumplir únicamente una función mecánica.

• La autoválvula debe quedar eléctricamente aislada del soporte y de la estructura.

• Se evita así que la torre actúe como camino preferente de descarga por diferencia de potencial frontal.

Este aislamiento reduce drásticamente:

• arcos no deseados,

• descargas rectilíneas por efecto de campo,

• y esfuerzos térmicos sobre conductores y herrajes.

 2. Bajante de descarga independiente por cada autoválvula

Cada autoválvula debe disponer de:

• un bajante de tierra propio,

• eléctricamente independiente,

• sin compartir conductor ni herrajes con otras fases.

Este criterio elimina:

• el cortocircuito instantáneo entre fases,

• la configuración en estrella no intencionada,

• y la realimentación térmica entre autoválvulas.

El rayo deja de “elegir” entre fases y estructura, y se le ofrece un camino único, rectilíneo y controlado.

 3. Tomas de tierra independientes y separadas físicamente

Cada bajante debe conectarse a:

• una toma de tierra propia,

• independiente de las demás,

• separada como mínimo 3 metros entre electrodos.

Esta separación:

• reduce el acoplamiento resistivo y capacitivo entre tierras,

• evita la elevación simultánea del potencial del terreno,

• y mejora la disipación real de la energía impulsiva.

El sistema pasa de ser un “plano común de descarga”

a un sistema distribuido de disipación controlada.

 4. Beneficios directos de la mejora propuesta

Esta modificación de concepto aporta beneficios claros y medibles:

• ✔ aumento de la vida útil de las autoválvulas

• ✔ reducción significativa de explosiones y degradaciones internas

• ✔ menor estrés térmico y eléctrico en la red

• ✔ disminución de costes de mantenimiento correctivo

• ✔ mejora de la calidad y continuidad del suministro

• ✔ reducción del riesgo de retorno de sobretensiones hacia el transformador

Todo ello sin alterar la filosofía de protección,

solo respetando la física real del fenómeno.

 Conclusión técnica Una autoválvula no falla por exceso de rayo, falla por compartir un camino que no le corresponde.

Separar funciones, separar tierras y respetar trayectorias impulsivas

no es una opción de diseño: es una obligación técnica.

 

Noticias relacionas con impactos de rayos en la red eléctrica:

Apagón en la estación de Lujan.

http://www.diariouno.com.ar/edimpresa/2009/03/27/nota208720.html

Rayo quemo trasformador en el hospital

http://www.panorama.com.ve/21-09-2010/avances/m11.html

Rayo quema trasformador y deja barrio sin luz

http://maimonense.com/web/2010/06/01/rayo-quema-transformador-en-el-barrio-los-parceleros/Rayo deja miles de abonados sin luz

http://www.venmedios.com/entornointeligente.com/resumen/resumen.php?items=1057754

Rayo deja sin luz a Granadidos y miles de abonados sin agua.

http://www.end.com.ni/cntactoend/80452

Un rayo incendia el trasformador

http://wn.com/Incendio_de_un_transformador